Escapada gastronómica: sabores de Astorga y Maragatería

El tiempo cambia en otoño: temperaturas más agradables y paisajes coloreados invitan a perderse en zonas de interior para disfrutar de su gastronomía. Astorga, con su legado romano, su impresionante Catedral y el modernismo de Gaudí, celebra el otoño con una gastronomía que reconforta al viajero y carga sus pilas. Reserva un fin de semana para saborear tradición, producto de temporada y la hospitalidad de una comarca con una gastronomía hecha para el otoño.

Sábado: un paseo entre piedras y obradores

Comience la mañana con un paseo breve por el casco histórico: los tesoros de la Catedral y el genio de Gaudí, presente en cada rincón del Palacio Episcopal, son ideales para abrir boca. Muy cerca las pastelerías tradicionales ofrecen mantecadas, hojaldres y chocolate, podemos guiarnos hasta ellas por el olfato. Es fácil: café, mantecada y, si el antojo aprieta, una tableta de chocolate artesanal “para más tarde”.

En el casco histórico encontramos varios comercios tradicionales en los que probar los sabores del otoño leonés: calabazas, manzanas, nueces, legumbres o embutidos de la zona. Es buen momento para hacerse con garbanzos de pico pardal, el secreto mejor guardado de la gastronomía local.

Reserve el mediodía para el cocido maragato, plato emblema de la comarca y uno de los mejor valorados de España. A diferencia de otros cocidos, aquí se sirve en orden inverso: primero las carnes (tocino, morcillo, chorizo, gallina… hasta ocho), luego los garbanzos y las verduras, y por último la sopa. El orden no es caprichoso: es memoria de arrieros, inviernos largos y trabajo al aire libre. La experiencia se disfruta sin prisa, con pan bien hecho y vino de la provincia —hay opciones excelentes de la DO León y El Bierzo—. Y de postre, claro, natillas; es parte del ritual.

La tarde invita a caminar sin rumbo fijo, quizá con una visita al Museo Romano o al trazado amurallado para “bajar” el cocido. Al caer el sol, es hora de tapeo relajado en el entorno de la Plaza Mayor: cecina cortada fina, pimientos asados, setas de temporada, quesos de la montaña y un vino joven. El formato es perfecto para volver a salir a la calle, escuchar conversaciones y ordenar el día en una servilleta.

Domingo: el otoño en la mesa

Astorga cuenta con tradición chocolatera que se remonta al siglo XVI, y a ella vamos a dedicar la mañana del domingo. Una parada en el Museo del Chocolate ayuda a entender cómo el cacao forma parte del ADN local. Pruebe una cata sencilla: orígenes distintos, elaboraciones con frutos secos, y combinaciones con sal o especias. Es un viaje corto por América, África y Europa… desde una casa modernista que albergó una fábrica de chocolate.

La mañana puede continuar en Maragatería, descubriendo Castrillo de los Polvazares o Santa Colomba de Somoza, en los que la arquitectura tradicional de la comarca se conserva como si el tiempo se hubiera detenido. Los restaurantes que mejor cuidan los productos de temporada son La Venta de Goyo (Valdespino), Casa Kika (Luyego) o Restaurante Serrano (Astorga).

Astorga es uno de esos destinos en los que el equipaje es más pesado en el camino de vuelta. No pueden faltar unas mantecadas u hojaldres, algo de chocolate y cecina o chorizo. Productos artesanos, de calidad, que harán que la escapada se alargue unos días o unas semanas.

Claves para que la escapada sea un éxito

  • Reserve con antelación: el cocido maragato, sobre todo fines de semana y festivos. Es un plato de fuego lento y las casas lo preparan por encargo.
  • Deje sitio para el pan: aquí es casi un plato más y forma parte de la experiencia.
  • Vino de proximidad: pregunte por opciones de la provincia. Tintos frescos y rosados afrutados armonizan con la potencia del cocido sin robarle protagonismo.
  • Otoño en el plato: setas, pimientos asados, calabaza, manzanas y frutos secos aparecen en menús y tapas; apueste por ellos.
  • Dulce sin remordimientos: mantecadas y chocolate son cultura local; mejor elegir poco y bueno… y repetir al día siguiente.

La cocina maragata encuentra en estos meses su punto de equilibrio: cocina tradicional, embutidos y repostería con historia, todos se pueden disfrutar durante los meses de otoño. La comarca ofrece recorridos cortos y bien concentrados —todo queda cerca—, ideales cuando los días se encogen. Y el chocolate… Bueno, el chocolate siempre viene bien.

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